Mercedes Herrera Richards

Seminario ANSCO 2019: La Transformación de la Industria Minera
febrero 5, 2020
Marcelo Álvarez Jara: “Necesitaremos trabajadores con conocimiento técnico de excelencia para operar las nuevas plataformas digitales”
febrero 5, 2020

Perteneció a ANSCO Regional Antofagasta desde 2011. Ingresó a la Asociación por la oportunidad de tener espacios para compartir con la familia, posibilidades de capacitación, y el acercamiento con la cultura.

Mercedes Herrera Richards es jefa de hogar, madre de Damián terminando de estudiar Administración de Recursos Humanos, Fiorella que cursa 5° año de Psicología y Giuliana que egresó de  4° medio.

Es la menor de ocho hermanos. Nació en Antofagasta, pero se crió desde los 8 años en el añorado campamento de Chuquicamata donde su padre llegó a trabajar en 1972 a lo que fueron las pulperías. Desde ese mismo año comenzó  a vivir en el campamento.

Estudió la carrera de Servicio Social en la Universidad de Antofagasta, realizó la práctica profesional en el antiguo Departamento de Bienestar de la División de Chuquicamata. Posteriormente trabajó en la Municipalidad de Calama y en el Consultorio Jurídico de la misma ciudad. En 1990 vuelve a Bienestar, pero esta vez contratada por Codelco División Chuquicamata. Desde donde desarrolló su labor en el área de Recursos Humanos hasta diciembre de 2019.

Perteneció a ANSCO Regional Antofagasta desde el año  2011. Ingresó a la Asociación por la oportunidad de tener espacios para compartir con la familia, posibilidades de capacitación con fines de desarrollo laboral y también como lo dice un slogan “para acercarnos a la cultura”. La motivó a seguir siendo socia el hecho de que por primera vez en su Directorio participa una mujer, “lo que aporta una mirada distinta y nos va dando espacios de participación a nuestro género que ha estado poco representado en las instituciones sociales a nivel general”, opina Mercedes Herrera.

 

Desafíos laborales

Su ámbito laboral siempre ha sido un escenario muy dinámico y se ha enfrentado a varios desafíos durante sus casi 30 años de desempeño profesional, donde ha trabajado como asistente social en el ámbito de atención del personal y su grupo familiar; en temas de trabajo grupal a través de los centros de actividades para las familias, y también en trabajo de comunidad con un programa con juntas de vecinos en el proceso del traslado del campamento de Chuquicamata hacia Calama, entre tantas otras funciones.

Desde 2012 tenía el cargo de Jefa de Calidad de Vida, rol en el que también  desarrolló variadas actividades, incluyendo un gran programa que se relacionaba con la calidad de vida de las personas en el trabajo.

Su gran desafío fue el de liderar el equipo que logró la certificación de la Norma Chilena 3262 de Igualdad de Género y Conciliación en la División Chuquicamata, trabajo que se convirtió en su gran pasión. Al respecto comentó que “es un tema emocionante; pero también muy difícil… más de una lágrima  derramó cuando sintió que las cosas no avanzaban tan rápido como quería”.

Cuando asumió este reto, se preparó para hacerlo bien: estudió un diplomado en género que le dio una base teórica importante para entender muchos de los procesos que se abordaron. En el periodo de este trabajo, se  encontró con personas que al igual que ella, compartían esta convicción de que la diversidad aporta tanto al negocio como a la familia y a la sociedad.

Respecto de su desafío nos entregó su opinión “Insisto, no fue un camino fácil, pero cuando logramos dar un paso más, la satisfacción es tan grande que te da fuerzas y mucha motivación para seguir avanzando en lograr que la equidad sea natural en nuestra organización. Cada paso que damos es un incentivo para seguir transmitiendo que todas las personas, independientes de su sexo, tienen el mismo derecho a las mismas oportunidades, que la igualdad es un derecho humano y que cuando lo logremos, seremos una sociedad mejor, más respetuosa y más justa”, expresa.

Las nuevas generaciones de mujeres

“Las mujeres aún estamos limitadas por los estereotipos de género; sin embargo, las nuevas generaciones están siendo cada vez más disruptivas, tenemos grandes ejemplos de mujeres jóvenes que se atreven a hacer cosas distintas, lo veo también en mis hijas, con miradas tan libres de discriminaciones y prejuicios que también te enseñan a tener miradas y posturas más acorde a los tiempos que vivimos. Y en esto, los hombres no están llamados a llevar ‘la bandera de lucha de la igualdad’, sino que apoyar las reivindicaciones de las mujeres, a sentir que somos merecedoras de derechos como lo han sido ellos, pero también a participar más en los roles asignados tradicionalmente a las mujeres, como es el cuidado de los hijos y el compartir las labores domésticas, porque sólo de esa manera se puede emparejar la cancha para todos y todas”, agregó.

Espera que en el futuro, ojalá no lejano, las mujeres también identifiquen y practiquen la sororidad, porque no basta con tener a mujeres en puestos de poder, también se requiere que éstas tengan una mirada solidaria y ayuden a surgir a otras como lideresas en sus respectivas actividades o que se comprometan con dar oportunidades de desarrollo a sus pares sin sentir que pueden ser su competencia, sino merecedoras de oportunidades y aliadas en este camino a la diversidad e inclusión.

“Éste es el llamado que les hago tanto a hombres como a mujeres, mirémonos y apoyémonos sin prejuicios ni temores”, concluye.