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Exponor 2019: La feria en terreno que reúne a la industria minera en Antofagasta
julio 23, 2019

El 29 de abril de 1905, mediante el Decreto Supremo N° 1854 de nuestra República autorizó el inicio de las actividades de la empresa «Braden Copper Company» para la explotación del mineral de cobre de El Teniente.

El pionero de la empresa fue el ingeniero estadounidense William Braden, quien previamente había recorrido las montañas y quebradas donde estaban las faenas de un primitivo ingenio minero otorgado como encomienda a un teniente del ejército real de los conquistadores españoles.

Las primera tarea fue la de construir un camino desde el pueblo de los graneros (hoy comuna de Graneros) y el Mineral, el que durante décadas fue recorrido por centenares de carretas tiradas por bueyes que en la subida transportaban maquinarias, herramientas y personal y retornaban el material rocoso que se extraía.

Entre 1907 y 1912 se construyó el ferrocarril que unió Rancagua con el naciente campamento de Sewell, 72 kilómetros que desafiando la nieve cruzó montañas llevando ilusiones y miles de historias.

Audacia, valor empuje y esfuerzo fueron los valores que cientos de mineros, tal vez miles, emplearon para dar comienzo a la extracción y al trabajo rudimentario que permitió la explotación industrial del cobre en 1905. Ahí se inició la historia de El Teniente y de la Gran Minería en Chile.

Su fundador William Braden, desde Nueva York planificó esta magnífica empresa. Unos mil hombres fueron los encargados de levantar obras tan importantes como la planta concentradora el ferrocarril y una central hidroeléctrica. Muchos de ellos permanecieron en la cordillera resistiendo el frío y la altura en largas jornadas con escasos medios. Por lo general eran campesinos reclutados mediante lo que se conocía como «enganches». Sólo su buena condición física permitió que algunos %u201Cmaceteados%u201D se arraigaran en la faena.

Sewell, otro país

En 1904 en la ladera del cerro Negro, se habilita el campamento para la Braden Copper Company el que en 1915 fue bautizado como Sewell en honor al primer presidente de la compañía Burton Sewell. De difícil comienzo por las inclemencias del clima en su mejor época alcanzó a tener 18.000 habitantes y contaba entonces con hospital (el más moderno dicen algunos), escuela industrial, club social y todo tipo de servicios públicos tales como retén de Carabineros y Registro Civil con un oficial que se encargaba de casar a los mineros antes que «bajaran con permiso» y después no regresaran. A mediados de los sesenta comenzó la «Operación Valle» en que los habitantes del campamento comenzaron a bajar a Rancagua para finalizar a fines de los 70.

 

Sewell dejó un legado industrial arquitectónico y cultural propio de las ciudades que se formaron y crecieron al abrigo de las empresas mineras. En Chile tenemos innumerables ejemplos, baste recordar lo que nos dejaron las oficinas salitreras.